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Perú: Más casas seguras para personas con enfermedades mentales crónicas

Partners In Health en Perú recientemente entregó el control de su primera casa segura para mujeres que viven con enfermedades mentales crónicas al gobierno peruano, marcando un hito importante en los esfuerzos de PIH para fortalecer el cambio de Perú a un sistema de atención de salud mental basado en la comunidad.

El Instituto Nacional de Salud Mental de Perú y la municipalidad de Carabayllo, donde tiene su sede PIH, asumieron la responsabilidad del hogar durante una ceremonia en septiembre, poco más de un año después de la apertura del hogar. Los funcionarios del gobierno esperan ampliar el modelo de PIH a 200 hogares en todo el país para apoyar a las aproximadamente 1.400 personas que necesitan desesperadamente el cuidado y la protección que proporcionan estos hogares seguros.

PIH asesorará al gobierno durante la expansión de este modelo de casa segura o hogar protegido. Mientras tanto, los miembros del personal están visitando posibles lugares para la primera casa segura en Carabayllo para hombres que viven con enfermedades mentales crónicas.

“Esto necesita ser replicado en todo el país”, dice Jerome Galea, subdirector de PIH en Perú, conocido localmente como Socios En Salud.

Los funcionarios del Ministerio de Salud conocían la larga trayectoria de PIH en la prestación de servicios de salud mental a los pacientes con tuberculosis multirresistente en Carabayllo. Así que se acercaron a los líderes de PIH y pidieron ayuda para una población específica de pacientes: hombres y mujeres que vivían con enfermedades mentales crónicas y que eran médicamente estables pero no tenían donde vivir, por lo que permanecieron institucionalizados de forma permanente.

“La creación del hogar protegido fue una de las primeras cosas sobre las que el Ministerio de Salud preguntó”, dice Galea. “Surgió con la perspectiva de fortalecer el sistema de atención de salud mental en el Perú, que incluye a Carabayllo”.

La casa segura es parte del plan del ministerio para revisar completamente el cuidado de la salud mental. Hace menos de dos años, tres hospitales de Lima eran los únicos proveedores de servicios de salud mental, y estaban muy sobrecargados. El ministerio se comprometió a mejorar el acceso a dicha atención y recurrió a la Organización Mundial de la Salud, que había publicado una guía en 2010 para ayudar a los países a entrelazar la atención de la salud mental con los servicios que ya se ofrecen en las clínicas de los barrios.

A principios de 2015, el ministerio comenzó a capacitar a los médicos y enfermeras de atención primaria de Lima para identificar los trastornos mentales de los pacientes que visitan las 350 clínicas de atención primaria de la capital. Ese fue el primer paso. El próximo implicará extender la misma cobertura a todas las 7.000 clínicas comunitarias de Perú. Los centros de salud comunitarios ambulatorios también se establecerán como instalaciones especializadas para los pacientes que necesitan un mayor nivel de atención, pero no requieren hospitalización.

El personal de los centros de salud mental acompañará a quienes padezcan síntomas agudos y graves de enfermedad mental a la clínica comunitaria de salud mental o al hospital general, según la gravedad de cada caso. Si son admitidos en el hospital, lo ideal es que los pacientes regresen a casa o se reintegren a la sociedad mudándose a una casa segura como la que PIH piloteó en Carabayllo.

Hasta ahora, Carabayllo es la única comunidad en todo el Perú donde se dispone de este conjunto completo de servicios de salud mental, desde evaluaciones en clínicas de barrio hasta esta casa segura para mujeres.

Una residente de la casa segura, Valeria Ruiz*, de 22 años, se ha instalado en su nuevo entorno. Tiene cinco compañeras de cuarto, una situación que parece manejar con buen ánimo. Los trabajadores comunitarios de la salud le enseñan a ella y a otros residentes cómo realizar las tareas cotidianas, como tender la cama, limpiar el baño o comprar alimentos. A veces hacen jardinería, van de compras o pasean juntos por el parque.

Ruiz y otra residente, Carla Torres*, son excelentes. Empezaron a asistir a una escuela técnica cercana tres noches a la semana. Aprenden a hacer artesanías y dulces, que venden en eventos patrocinados por PIH o a otros estudiantes de la escuela técnica.

Vanessa Montenegro, jefa de comunicaciones en Perú, dice que sus compañeros “ni siquiera se dan cuenta” de que Ruiz y Torres tienen esquizofrenia. Por su parte, Ruiz utiliza los beneficios para comprar pequeñas cosas para su madre, que sufre de una enfermedad mental crónica y permanece internada en el mismo hospital de Lima que Ruiz dejó hace poco más de un año. Puede ser una realidad poco convencional, pero es una a la que Ruiz se está ajustando todos los días.

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