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De Perú a Colombia: las voces silenciadas de las mujeres luchadoras

El referéndum del 2 de octubre en Colombia es la oportunidad del país para poner fin a más de 50 años de guerra civil entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, más conocidas como FARC, de las cuales entre el 30 y el 40% son mujeres.

Representantes del gobierno colombiano y de las FARC han declarado su compromiso de incluir una perspectiva de género en el acuerdo de paz, pero las experiencias de otras mujeres combatientes a lo largo de la historia demuestran que las mujeres corren el riesgo de quedar al margen de las narraciones de la guerra.

Entonces, ¿cómo se tendrá en cuenta a las combatientes colombianas en el proceso de paz en curso?

Las mujeres en la guerra

Las mujeres siempre han aparecido en el campo de batalla, desde las combatientes del Reino de Dahomey (actual Benin) en el siglo XIX, hasta los cientos de miles de mujeres soldado rusas que se ofrecieron como voluntarias durante la segunda guerra mundial, cuyos testimonios han sido magníficamente recogidos por la ganadora del premio Nobel, Svetlana Alexievitch.

Como muestra Alexievitch en su libro, la contribución de las mujeres a la guerra tiende a ser borrada por la historia.

El papel de la mujer en los conflictos se ha asociado tradicionalmente con la construcción de la paz, y la dinámica de los combatientes varones frente a las mujeres víctimas ha dominado históricamente la forma en que pensamos sobre el género y la guerra. Incluso hoy en día, la diversidad y la complejidad de las experiencias de las mujeres en la guerra a menudo se silencia para ajustarse a los marcos impuestos por las organizaciones internacionales, como ONU Mujeres, que son los principales fundadores de los proyectos de construcción de la paz.

Fue sorprendente ver, por ejemplo, que los desafíos que enfrentan las mujeres excombatientes apenas fueron mencionados durante la última cumbre de Mujeres por la Paz organizada en Bogotá.

El escándalo de Abu Ghraib de 2004, que reveló la participación de mujeres soldados estadounidenses en la tortura de prisioneros iraquíes, demostró que las mujeres no son por naturaleza intrínsecamente más pacíficas que los hombres. Desde terroristas suicidas en grupos radicalizados hasta guerrilleras en movimientos revolucionarios como el de Colombia, las mujeres han participado de una forma u otra en todas las luchas de la historia contemporánea.

El Sendero Luminoso

Cuando empecé mi investigación doctoral sobre la participación de las mujeres en el conflicto armado peruano hace 11 años, mi objetivo principal era derribar la idea de que las mujeres son víctimas, no combatientes. El caso peruano fue emblemático, en particular por el alto nivel de participación de las mujeres en Sendero Luminoso, un movimiento revolucionario maoísta que se rebeló contra el Estado en 1980. Unas 69.000 personas murieron en el conflicto.

Al igual que las FARC, se pensaba que las mujeres constituían el 40% de los militantes de Sendero Luminoso, y que también ocupaban puestos ejecutivos. El papel de las mujeres en el movimiento fue establecido en un documento llamado Marxismo, Mariátegui y el Movimiento de las Mujeres, escrito por un grupo de mujeres militantes durante los años 70.

Este documento estableció la base desde la cual los asuntos de la mujer serían tratados dentro de la ideología de Sendero Luminoso. Se establecieron varias estrategias para reclutar a mujeres militantes, campesinas, estudiantes y trabajadoras, y fueron coordinadas por el Comité Femenino Popular.

El Sendero Luminoso tenía una atracción comprensible para las jóvenes peruanas. Durante la década de 1970, la sociedad peruana experimentó varios cambios sociales dramáticos, como la democratización de la educación y el surgimiento del movimiento feminista, que afectaron considerablemente las estructuras sociales tradicionales. Ambos ocurrieron durante un período de crisis económica e inestabilidad política.

El Sendero Luminoso proporcionó una alternativa atractiva para las jóvenes peruanas. A diferencia de otros partidos de izquierda, como Vanguardia Roja o el MIR, que eran reacios a abordar las cuestiones feministas, Sendero Luminoso insistió en el papel central de la mujer en la revolución. En otras palabras, el éxito del movimiento en el reclutamiento de mujeres se debió principalmente a la incapacidad de otros movimientos políticos de comprender que los asuntos de la mujer eran eminentemente políticos.

Cuando Abimael Guzmán, fundador de Sendero Luminoso, fue detenido en septiembre de 1992, otros ocho militantes fueron arrestados con él. Cuatro de ellos eran mujeres. Al igual que las luchadoras que acaparan los titulares hoy en día, las mujeres recibieron la mayor atención de la prensa nacional en los días siguientes a su captura.

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