El coloniaje español


El terror del coloniaje español

Una de las más terribles atrocidades registrada en la historia mundial ha sido la ejecutada por los españoles durante el período virreinal en el Perú. Dicho período cubrió la mayor parte de los 300 años de la abusiva presencia ibérica que comienza cuando el rey de España nombra a Blasco Núñez de Vela como su representante y termina con la derrota de las tropas del intruso José de la Serna en los campos de Ayacucho en el año de 1824.

El período virreinal en el Perú ha recibido inapropiadamente la denominación de colonia o era colonial.Un hecho de colonización es edificador y emprendedor lo que constituye sus principales ingredientes, en tanto que el coloniaje español se caracterizaba por una burocracia de inservibles en España que llegaron al Peru como virreyes, malandrines con apetencias de señores, cortesanos, curas, alguaciles y militares, es decir un grupo que se constituyó como medio de transferencia de relaciones de explotación con las consecuencias que ya conocemos. Contrariamente, la presencia de los invasores careció de ingredientes esenciales para el desarrollo de la colonia pues no fueron portadores de fuerzas productivas innovadoras y de medios de producción iniciales y abundantes para originar un extraordinario cambio social. En suma, un hecho de colonización aporta fuerzas productivas que tienen que servir de impulso del desarrollo lo que no sucedió con la presencia española.

Lo que imperó en el Perú fue un despiadado coloniaje cuyos principales verdugos fueron sacerdotes, burócratas, arcabuceros, delincuentes, ladrones de tierras del peruano de los Andes y otra gente inservible con la que no se podía contar para volcar la sociedad hacia un rumbo de progreso. Simplemente no tenían ni la peor de las ideas sobre el significado de una colonización pues España no trajo fuerzas productivas, puesto que estando a la zaga en Europa carecía de ellas y por esa razó las reemplazó por la crueldad de sus relaciones de producción.

Durante el virreinato el peruano fue considerado un ser inferior que servía para trabajar como los animales y por ello fue llevado a la condición de esclavo. El español podía disponer de su vida u obligarlo a trabajar hasta morir por la fatiga de las enfermedades o porque le daba la gana de matarlo. Para llevar a cabo todas estas crueldades el invasor se presenta como un salvador de los indios o envíado de Dios llegados para desempeñar un rol mesiánico. En virtud de esa osadía sujetó al nativo a sus humillantes regulaciones que eran simplemente la legalización del abuso y del martirio apoyadas directa o indirectamente por la Iglesia Católica, excepción hecha de voces aisladas provenientes de algunos miembros de esta institución que no lograron detener esa miserable vida.

Con esas endemoniadas normas se impuso al nativo el pago de tributos y la obligación de prestar servicios personales como compensación de los gastos y esfuerzos de los invasores incurridos durante la despiadada conquista. Crearon, además, una gama de aterradoras instituciones como la hacienda, la encomienda, los repartimientos, las reducciones y los corregimientos que tenían como fin común hacer efectivo el cobro de impuestos a los nativos y obligarlos a la servidumbre. El descargo ofrecido por los invasores es que la aplicación del tributo y los servicios de los indios era una compensación por sus esfuerzos en la conquista y en la catequización de la población.

Los encargados de esos estamentos del terror se caracterizaban por su sadismo e indolencia permaneciendo indiferentes ante el dolor de los seres humanos conquistados. Entre ellos destacaba un personaje temible y aterrador conocido como el corregidor el cual era un sujeto malvado y, por lo general, sanguinario quien estaba encargado del cobro tributario y de reclutar nativos para realizar trabajos obligatorios gratuitos. Los corregidores vendían objetos y enseres que eran innecesarios para los nativos a los cuales los obligaba a comprarlos so pena de ser castigados. Así, con la tortura y la brutalidad el español permaneció en el Perú 300 años.

Con la destrucción del Estado Inca fue desapereciendo la hermandad y solidaridad entre los súbditos. El español impuso la inservible norma de "lo mío y lo tuyo" y desterró el criterio de colectivismo que era la base de esa sociedad. El pueblo inca al cual no le faltó alimento comenzó a padecer hambrunas. El peruano de los Andes comenzó a sufrir los efectos de la soledad que le dio el desarraigo de sus tierras que ahora eran del usurpador español. En esta imposición del egoísmo los sacerdotes jugaron un rol importante manipulando al antojo del gobernante los principios cristianos diciéndole al nativo que su vida miserable era el resultado del mandato divino el cual tenían que aceptar y respetar para ganar el reino de los cielos.


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